ÒEn una econom’a de recesi—n, las discotecas son una ganga tanto para
el due–o de un club -el cual tiene menos gastos, despuŽs de una inversi—n
inicial y el salario nocturno del DJ (el cual cobra 50 d—lares, aunque
algunos cobren el doble como mucho)- como para la clientela, que baila
toda la noche por una parte del coste de la entrada para un concierto (y
sin las preocupaciones de una mala sonorizaci—n, cancelaciones, sets cortos,
malos asientos, seguridad precaria, etc.) Una buena discoteca es el entorno
perfecto de inmersi—n total para o’r mœsicaÓ.
Vince Aleti ÒThe Method behind the madnessÓ en Dancing Madness
Creo que ya quedaba claro por entonces que la figura del diyei es algo
que ten’a y tiene mucho que ver con la econom’a o el negocio y NO con la
cultura, el arte o similar. Es el reducir gastos y aumentar beneficios.
Instaurar la UME (Unidad M’nima Espectacular: con 6 unidades montas todo
un festival, no hay equipos, pruebas de sonido, etc.) El diyei es una figura
capital’stica, del capitalismo degenerado en el que habitamos. Lo que pasa
que tal como est‡ de instaurada hoy d’a la Sociedad el Espect‡culo nos
quieren hacer pasar al diyei como un mœsico, un ÒcreadorÓ cuando ha sido
siempre un mero ambientador, un ÒambipurÓ para pistas. Y si son mœsicos
lo ser‡n como lo puedan ser Objetivo Birmania, Corrs o Manu Chao: pijos,
modositos, cuando no bujarrones y farsantes. Si son mœsicos, que me vayan
presentando el equivalente en diyei de un Alan Vega o un Iggy pOp. ÀY el
Townsend o el Hendrix? Rompamos platos, quemŽmoslos No. Modositos. El diyei
es a la mœsica lo que un jugador de voley-playa es al deporte. El diyei,
ser‡ ya el ÒmœsicoÓ de estos tiempos, de la era Operaci—n Triunfo aqu’ o
Pop Stars o American Idol all’, de la era del subcomandante Marcos como
revolucionario total, del pastel en definitiva. Ni actitud ni cojones ni
nada. Un ejercito de don nadies elevados en algunos casos a la categor’a
de ÒgurœÓ o similar. Lumpen contempor‡neo: pijos/as y ni–atos/as ineducables
e irrecuperables. Banalidad. Puerilidad.
Pero volviendo a la econom’a, segœn cuenta la leyenda urbana hay diyeis
que llegan a cobrar 12.000Û por una sesi—n. Eso no es de recibo. Nadie,
insisto, NADIE por subir y bajar potenci—metros y cambiar discos puede
cobrar eso. Es una indecencia social. El diyei debe ser un obrero especializado
y nada m‡s, con un sueldo que lo fije un Sindicato y ya est‡ Nadie merece
12000Û por ejercer de ambientador. Si alguien me dice que, bueno, esto
es problema de la Sala que se los paga y que ellos sabr‡n, que posiblemente
levante el triple de pasta esa noche, pues vale. Pero entonces volvemos
a hablar de econom’a, de mercado; no me hablen de arte ni de cultura ni
de ninguna mierda parecida. Como hooligan del STA2 (STAinless/STAlinism)
afirmo que hay que acabar con el culto a ESA personalidad, poner en su
sitio al diyei, como simple obrero cualificado, como FUNCIONARIO de la
puta Sociedad del Espect‡culo. Me dirŽis que s—lo 2 — 3 pueden pedir ese
cachŽ de 12.000Û o m‡s por un par de horitas, y que los lleven en jets
privados a pinchar y toda esa mierda decadente y burguesona. Bien: NI UNO.
Pero adem‡s estos 2 — 3 tampoco me importan, son anŽcdota. S’ importan
los miles que puedan levantar, pongamos, 1000Û por sesi—n. Sigue siendo
una indecencia pagar as’ a alguien por hacer algo que podr’a hacer perfectamente
un mono adiestrado, un jodido chimpancŽ.
El mundo que rodea al diyei es un negocio de gentuza: Òempresarios
de la nocheÓ; marcas frenŽticas por esponsorizar actos aproblem‡ticos y
superguays -fiestas, festivales, etc.- (esponsorizar o directamente generarlos,
inventarlos las propias marcas, a medida. Nunca faltar‡ quien les rellene
el acto; emisoras no ya comerciales sino empresariales, o los as’ llamados
Ògestores culturalesÓ, tipo Advanced Music (desenga–Žmonos: los de Advanced
Music, el S—nar a estas alturas lo montan porque, como no tienen m‡s remedio
y encima el super-majadero del Clos, el alcalde de Barcelona -diyei Clos-
les da medallas de la Ciudad y tal, pues lo que hacen A.M. es, endog‡micos,
aprovechar el S—nar mayormente para ense–ar SU gŽnero; la pasta A.M. la
har‡n los otros 362 d’as del a–o moviendo su piara de diyeis (Lor‡n Garnier,
R’chi Jautin...) en clubes de provincias: de pijoparties a fiestas mayores
(inteligentes) por estos clubes de Dios. Explotar la estupidez contempor‡nea.
Y m‡s negocio diyei: tiendas ÒespecializadasÓ donde verdaderos gualdrapas
se pueden dejar en una visita el salario m’nimo interprofesional en discos,
perd—n, vinilos. Vinilos anegados por otra parte de mœsica ramplona, anorŽxica,
de una falta apabullante de ideas. Adictos: compro discos para pinchar
y as’ poder comprar m‡s discos y poder seguir pinchando y as’... Un c’rculo
vicioso. Un estado gaseoso. Capitalismo en mal estado.
TODOS SOMOS DIYEIS
Otra de las caracter’sticas que Abe Peck determinaba el a–o 75 de la
mœsica generadora de la figura del diyei era ese anonimato, imputable tambiŽn
a la figura del diyei. L—gico por otra parte: no eres nadie, eres alguien
que, como el tonto, el feo, el amorfo de los guateques, se dedicaba a poner
mœsica. Pero justamente lo que ha pasado ha sido todo lo contrario: al
tonto, al feo, al amorfo lo hemos elevado a categor’a art’stica. Hemos
pasado a la nominalizaci—n, a la personalizaci—n obsesiva del diyei (todos
somos diyeis: dj Bush, dj Bin Lander...) Lo que se logra es el efecto supermercado:
nominalizando, singularizando cada unidad se logra una falsa sensaci—n
de variedad. Y luego tenemos el burdo exhibicionismo del idiota en la cabina,
el EGO. Y luego... Áincluso la moral!:
JOHN DIGWEED PINCHARç POR PRIMERA VEZ EN BARCELONA
John Digweed ha revolucionado las mejores salas de todo el mundo con
su manera de entender la mœsica. Su Žxito radica en la combinaci—n de Žtica,
conocimientos, experiencia y esa proximidad que ha mostrado con su
Pœblico desde que empez— a pinchar en su adolescencia.
Saida Antr‡s, Metro, 11/04/03
ÀQuŽ cojones pinta la palabra Žtica en esta presunta noticia? AmŽn
de estar la tal Saida Antr‡s irreversible e irremediablemente idiotizada...
ÀquŽ tendr‡ que ver la Žtica con subir y bajar potenci—metros y llevarte
una pasta por ello? Marcuse, Noam Chomsky, John Digweed... ÁBASTA! Todo
esto, como el frotar, se va a acabar.
ÀDIYEIS CONTRA LA GUERRA? FRENTE DE LIBERACION DEL VINILO (FRELIVIN)
Por todo esto y por mucho m‡s se han formado ya cŽlulas underground
que se dedican -de momento- a levantarles las maletas a los diyeis en los
aeropuertos. Tenemos infiltrados en equipajes. Eso de momento, no se descarta
pasar a acciones m‡s contundentes...
CARL COX, LA ÀòLTIMA? VêCTIMA DE LOS ROBOS DE BARAJAS
Como ya ven’amos informando desde hace algœn tiempo hay un (o unos)
desaprensivo(s) que tiene acceso a los equipajes de los viajeros en Barajas
que se dedica a abrir las maletas de discos y a quedarse con los vinilos
que le apetecen.
La Àœltima? v’ctima de estos robos ha sido Carl Cox quiŽn, el pasado
s‡bado, tras cambiar de planes y viajar en avi—n de Madrid a Coru–a (ten’a
pensado hacer el viaje en coche por miedo a lo que despuŽs le sucedi—)
se encontr— a su llegada a Coru–a que unos 40 discos hab’an sido sustra’dos
de sus maletas.
Es lamentable que tras todos los robos que est‡n sufriendo los DJs
que pasan por Barajas, con sus correspondientes quejas ante las autoridades
de aeropuerto, todav’a no se haya hecho nada por encontrar al o a los culpable(s).
Si esto sigue as’ no debe extra–arnos que algunos DJs decidan no viajar
a Espa–a o al menos no pasar por el aeropuerto de Barajas, lo cual ser’a
de gran perjuicio para todos los que disfrutamos de sus actuaciones. Lo
dicho, es una vergŸenza que alguien este robando discos en Barajas sin
que nadie haga algo por evitarlo.
www.clubbingspain.com/Noticias, 14 de abril 2003
UN LADRîN PERSIGUE A LOS 'DJ'
Numerosos 'disc-jockeys' denuncian una oleada de robos de sus valiosos
estuches de discos en el aeropuerto de El Prat. Algunos man‡geres estudian
contratar a un detective para esclarecer el caso.
Los disc-jockeys ya no saben quŽ estrategia inventar ni quŽ mentiras
narrar para evitar facturar sus maletas de discos en el aeropuerto de El
Prat. Desde el verano pasado, no hay dj que pase por este aeropuerto al
que no le roben sus preciados tesoros musicales. La œltima v’ctima, el
francŽs Bob Sinclar, observ— at—nito, hace cuatro semanas, c—mo su maleta
de discos de vinilo con cl‡sicos de la mœsica disco de los a–os 80 no aparec’a
en la cinta transportadora de equipajes.
ÒEl Prat se ha convertido en la pesadilla de todos los disc-jockeys.
Nos sentimos impotentes. Lo cierto es que no tenemos pruebas contra nadie,
pero lo que est‡ sucediendo no es normal. Alguien hay en Žse aeropuerto
que conoce c—mo son nuestras maletas de discos, y sencillamente las despistaÓ.
Quien as’ se expresa es el dj ibicenco JosŽ de Divina. Hace dos meses viajaba
junto a Francesco Farfa para pinchar en Italia. El vuelo part’a de Barcelona.
ÒCasualmente, las dos œnicas maletas que desaparecieron de todo el pasaje
fueron los dos grandes estuches de discosÓ, relata el manager de Divina,
Jessica Bueno.
Exhibici—n en el aeropuerto.
La desesperaci—n es tan grande que los disc-jockeys montan autŽnticos
espect‡culos en el aeropuerto para evitar facturar. ÒA Francesco Farfa
ya le han robado tres veces su maleta de discos. El pobre est‡ desesperado,
ha jurado que no volver‡ a facturar nunca m‡s en Barcelona. Cada vez que
hay viajar toca montar el nœmeroÓ, explica su manager, Rosselle Solmi.
Esta mujer representa a ocho dj y todos ellos han sido v’ctimas de
robos en el aeropuerto de Barcelona. Solmi lo ha intentado todo. Las compa–’as
aŽreas no se responsabilizan. Los aeropuertos tampoco. ÒHay varios m‡nagers
que nos estamos planteando seriamente contratar a un detective privado
para que investigue quŽ est‡ pasando en El PratÓ, advierte Jessica Bueno.
Una de sus dj, Tania, cansada tambiŽn de ver c—mo sus discos seleccionados
uno a uno con un mimo y cari–o especial desaparec’an por arte de birlibirloque,
ha decidido dejar de utilizar la maleta de pinchadiscos y ahora camufla
sus vinilos entre la ropa, dentro de maletas r’gidas. El valor de las maletas
es incalculable. Muchos de los discos ya ni se editan.
Solmi ha llamado a la puerta de compa–’as de seguros para intentar
proteger el valor de los discos que han de viajar, pero ninguna firma quiere
asumir el riesgo. El verano se acerca y los dj tiemblan. Como los responsables
de los clubs. Carlos Aparicio, responsable de la sala Discoth�que, en Barcelona,
lamenta que en los œltimos meses han robado a la mayor’a de dj que han
contratado. ÒTodos salimos perdiendo. Lo que est‡ pasando es una vergŸenzaÓ
Mayka Navarro
El Peri—dico de Catalu–a (MiŽrcoles 05 de marzo de 2003)
Un par de noticias rematadamente estœpidas. Toda esta vaina es ya demasiado
grotesca. Uno, el tal Bob Sinclair, que por herramienta de trabajo/tesoro
tiene una maleta llena de discos con A-Òcl‡sicosÓ B-Òde la mœsica discoÓ
C-Òde los a–os 80Ó. Robarle esa maleta es hacerle un favor, igual madura.
Otra, una tipa que lleva a ocho diyeis -su piara- y que quiere asegurar
las maletas, y otra tonta pensando en contratar detectives. ÀOs lo imagin‡is?
El huelebraguetas por las raves intentando sacar informaci—n haciŽndose
pasar por pastillero o disfrazado por el aeropuerto de diyei o as’... Pero
si no le hacen falta detectives a la as’ llamada Jessica Bueno Bueno, Jessica,
cari–o: aqu’ estamos. WE COME FOR YOUR CHILDRENS!! Venimos a por tus ni–os..
Pues s’, tal como nuestros hermanos se dedican a liberar enanos de jard’n,
otra plaga mental, El FreLiVin se dedica a rescatar los vinilos. De momento
hemos establecido un EJE DEL MAL: Madrid/ Barcelona/ Mil‡n. Y sus aeropuertos:
Barajas/ El Prat/ Malpensa, como centros de actuaci—n. (Visca el Prat Insurgent!
Visca els pollastres llibertaris!) Que a algo que se apellida Farfa le
hayan robado ya tres veces la maleta da el tenor del personaje y un retrato
perfecto del diyei: un primo de campeonato, un farfolla. Formad m‡s cŽlulas,
levantadles las famosas maletas, esas maletas que por otra parte llevan
los diyeis para que todo el mundo diga: ÒÁArrea, ah’ va un diyei!Ó. Y no
descartŽis acciones m‡s contundentes y directas contra esa verdadera plaga
que esta idiotizando aœn m‡s el medio ambiente. ÀUn target natural? Para
ir calentando, Ibiza, la ÒIntelligent MarbellaÓ. Salas que cobran 50Û s—lo
por entrar, guiris degenerados a patadas y un mont—n de diyeis con el cociente
intelectual de una vaca muerta. No descartŽis verdaderos pogromos. No se
lo pongamos tan f‡cil. Que no se lo lleven crudo y encima les vayamos detr‡s
riŽndoles las gracias.
Paremos o intentemos parar la estupidez que nos empapa: se acab— la
diversi—n, lleg— el Comandante y mand— a parar. Muerte a los diyeis, a
quien los financian y a los que les r’en las gracias. Protesta Y Resiste.
Parafraseando al eximio General unionista Phil Sheridan, EL òNICO DJ BUENO
ES EL DJ MUERTO.
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